Tampoco había que ser un genio para imaginarse que el primo de Zumosol –que en otros tiempos te defendía de los abusones– en cualquier momento, si no te plegabas a sus deseos, podía tomarla contigo y amenazarte con darte un par de hostias.
Tampoco había que ser un genio para imaginarse que el primo de Zumosol –que en otros tiempos te defendía de los abusones– en cualquier momento, si no te plegabas a sus deseos, podía tomarla contigo y amenazarte con darte un par de hostias.