Como lector ocasional de libros de filosofía, me apetece confesar que me sucede con ellos lo mismo que con las películas de la saga de La guerra de las galaxias, hoy devenida en Star Wars. Quiero decir que presto atención cuando las veo, más o menos las entiendo y, unas más que otras, me entretienen. Pero es llegar al The End y olvidárseme todo a los cinco minutos.