Todo encaja: vuelven las corrientes de pensamiento irracionales, las ideas fascistoides, los tiranos y los místicos de tres al cuarto.
Un viaje de Alejandría a Toledo con Francisco Escudero
Como profesor de secundaria, pocas satisfacciones podría comparar a la de que un alumno te recuerde con cariño después de muchos años. Si, además, contribuiste de alguna manera a que ese alumno encontrara su vocación y te lo sigue agradeciendo después de tanto tiempo, es algo que compensa todos los esfuerzos y sacrificios de esta profesión.
Por ello, será para mí un privilegio acompañar a Francisco Escudero en la presentación de Tú a Salamanca y yo a Alejandría, su nuevo libro. El acto tendrá lugar el próximo jueves en la Biblioteca de Castilla-La Mancha, muy cerca del instituto Sefarad, donde fui su profesor de Lengua Castellana y Literatura hace ya casi veinte años.
Francisco Escudero es hoy filólogo y profesor universitario, de los que tienen una clara vocación docente y no se conforman con escribir solo para las élites intelectuales. Esa ha sido su motivación para escribir Tú a Salamanca y yo a Alejandría, un libro divulgativo y entretenido sobre la historia de las gramáticas, apto para cualquier persona con interés por las humanidades. No solo pone orden y lógica en el relato de la evolución del estudio de la gramática, sino que explica todas las utilidades que ha tenido a lo largo de la historia. Una pena que no lo vayan a leer los que no se cansan de repetir que no vale para nada.
Si no sois de esos, os animo a acompañarnos en este fascinante viaje que haremos juntos el próximo jueves, desde Alejandría hasta Toledo, con parada en Salamanca y en todos los lugares en los que hubo personas dispuestas a desentrañar los misterios de la lengua para escribir una gramática.

Mensaje en una botella #4
Cada vez que escucho a algún cretino defendiendo alguna barbaridad –algo que cada vez sucede con más frecuencia– me acuerdo del artefacto de Nicanor Parra en el que proponía crucificar un gato para ver qué pasaba. Y no puedo evitar un sentimiento entre la pena y el asco al darme cuenta de que muchos de esos cretinos no se dan cuenta de que acabarán siendo los gatos.