Cuando Douglas Adams imaginó a los vogones –los seres más repulsivos, antipáticos y crueles del universo de la Guía del autopista galáctico–, les atribuyó, entre sus muchos defectos, el de ser unos pésimos poetas que atormentaban a sus víctimas recitándoles sus horribles creaciones. Apostaría a que Douglas Adams sufrió alguna experiencia traumática en algún micro abierto de poesía.