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PATRIA

                                       A Carlos Ávila

Esa patria que nombran no es la mía
y menos la que exaltan en desfiles
con vivas, uniformes y banderas
manchadas con la sangre de inocentes

En mi patria no hay himno nacional
ni nobles ni jerarcas ni jet set
ni sentamos parásitos
en tronos elevados
sobre yugos y flechas

Nunca vamos a misa
ni cortamos las calles de los pueblos
para que los idólatras
carguen sobre sus hombros
las tallas que veneran

No celebramos fiestas
con toros en el ruedo
mientras los animales peligrosos
aplauden y jalean en las gradas

No podrán los cartógrafos
incluir en un atlas nuestra patria
ni tenemos un nombre
que se pueda buscar en Google Maps

pero no es lugar imaginario
ni un país irreal
aunque muchos cuestionen su existencia
porque son incapaces de entender
que puede haber lugares sin fronteras
sin himnos, sin banderas, sin costumbres
sin viejos calendarios
que obliguen a acatar
absurdas tradiciones de otras épocas

CASA DE APUESTAS

Si pudiera apostar
en este singular combate a muerte
del ser humano vs. la Tierra

[En un lado del ring
la Tierra, inerme e indefensa
con sus selvas y bosques devastados
sus desiertos crecientes
las aguas hediondas de sus ríos
sus océanos poblados de desechos
el deshielo inquietante de sus polos
su atmósfera abrasada
y todos sus recursos en peligro
por la voracidad enfermiza de una especie

Y en el otro
esa plaga imparable que pulula
por todos los rincones del planeta
como se multiplican
las células de un cáncer agresivo
seres incontrolados
con un ansia insaciable
que esquilma los recursos sin plan B
que transforma sin tregua la materia
en montañas ingentes de residuos
y heces radioactivas
que ya no habrá manera de ocultar]

si pudiera apostar
lo haría, sin dudarlo, por los seres humanos

con todo mi dolor y mi pesar

como el que apuesta
contra su propio equipo
y sabe que ganar
tendrá el sabor amargo
de las victorias pírricas

PLAYA DEL NORTE

Si me dejaras solo

buscaría en el norte

una playa apartada

donde rugiera un mar

huraño y rencoroso

que a mordiscos de espuma

devorara la arena

y se diera de bruces

sin descanso y sin tregua

contra el muro impasible

de los acantilados

a los que subiría

a arrojar mi teléfono

con todos mis contactos

y mis passwords

a las fauces heladas

del Cantábrico

WRONG WORLD

Esa frustrante sensación
al elegir película
en el amplio surtido
que me ofrecen
todas las plataformas

de entertainment

o al empezar a ver
otra serie de moda
prescindible
porque la recomienda
un algoritmo
que procesa mis fallos
anteriores

o al leer otro libro
irrelevante
pescado por azar
en el río incesante
de ediciones
que desembocará
en ninguna parte

esa frustrante sensación
me advierte del peligro
de estar creando
en mi interior
un mundo equivocado

THE VACCINE

Vacúnate contra la estupidez
que consume los datos de tu móvil
las neuronas que aún mantienes vivas
y el tiempo sin sustancia de tus horas

Vacúnate contra el nuevo fascismo
para que no te engañes
cuando escuches que gritan libertad
los que solo defienden

derechos de su casta, privilegios
e ideas reaccionarias

Vacúnate contra los virus
que contagian youtubers, influencers
conspiranoicos y terraplanistas

u otros negacionistas de lo obvio

Vacúnate contra los bulos
contra los demagogos
contra los meapilas con poder
contra todas las hordas de fanáticos
que intentan infectarte con su odio

Vacúnate antes de que esta pandemia
–que no incluyen en los telediarios–
te deje con secuelas de por vida
y síntomas severos e incurables

porque esta enfermedad tan peligrosa
se puede contagiar en la distancia
no existe mascarilla que la frene
y no hay ningún paciente asintomático

LA HOGUERA

Aunque miles de libros
se almacenan, se ignoran
se apilan en montañas
y trepan por las mesas
de críticos insomnes
que ya no pueden más

Aunque muchos se mueran
vírgenes, sin lectores
sin que nadie les preste
sus horas y sus días
y sean poco más
que un mazo de papeles
que alguien reciclará

Aunque todos sepamos
que hace falta una purga
una quema de libros
como la que Cervantes
hizo en la biblioteca
de aquel hidalgo loco
que no supo escoger
buena literatura

nadie que escriba un libro
ofrecerá sus páginas
para encender la hoguera