FINAL ABIERTO

Desde el principio noté que pasaba algo raro. Estaban callados, atentos, como si fingieran o representaran un papel en una obra de teatro. Y no podía ser que les interesara lo que les estaba contando, que era teoría sobre los adverbios, un absoluto tostón. Todo era tan extraño que llegué a pensar que podía tratarse de una cámara oculta.

Y no solo me prestaban atención. También trabajaban como nunca lo habían hecho. Viéndolos con tanta predisposición, me arriesgué a proponerles que tomaran apuntes, algo que normalmente evitaba porque solían acabar desquiciándome por su incapacidad para escribir al dictado con cierta sincronía. Para mi estupefacción, se pusieron a copiar sin rechistar, y sin apenas pedirme que repitiera una y otra vez lo último que había dicho.

Antes de comenzar la clase, había previsto cierta resistencia para abordar aquellos contenidos, había preparado algunos argumentos para justificar la necesidad de conocer todas las clases de palabras, había planeado ofrecerles algún tipo de compensación si se portaban bien, como hacer algún juego o ver una película en las siguientes clases. Esa era la estrategia que mejor me funcionaba. Todas mis clases con ellos eran así, un pulso entre mi interés por que hicieran algo y su determinación para no hacerlo.

Eran alumnos de FP Básica de Mantenimiento de Vehículos, un grupo de adolescentes, todos chicos, con la testosterona desbocada y las mochilas cargadas de problemas personales y familiares. Por una razón o por otra, habían descarrilado en el trayecto hacia el título de la ESO y la FP Básica les daba una última oportunidad a modo de educación compensatoria.

Ningún día me hubiera parecido normal que se comportaran así, ninguno, pero mucho menos un viernes. Los viernes ni siquiera solían venir a clase. Durante el recreo saltaban la valla y se iban a fumar al parque el resto de la mañana, si es que en algún momento habían decidido entrar al instituto.

Llevábamos ya copiado más de medio folio y nadie había protestado. No les había tenido que llamar la atención por no copiar, ni por estar escuchando música con los cascos, ni por mandar wasaps, ni por estar viendo reels de Instagram, ni por insultar a algún compañero, ni por soltar ninguna salvajada, ni por interrumpir la clase sin venir a cuento, ni por darme una mala contestación o por faltarme al respeto de alguna otra forma.

Animado por aquella insólita receptividad, proyecté en la pantalla una serie de ejercicios. Lo habitual era que les dijera los ejercicios de uno en uno para que no se agobiaran, pero no hubo ni una sola queja.

Mientras me esforzaba por disimular mi estupor e intentaba no hacer nada que deshiciera el hechizo, no dejaba de pensar en qué les podría estar pasando. Era cierto que aquel día no habían venido ni Joel ni Álex, que eran los que más reventaban las clases, pero eso por sí solo no servía para justificar aquel comportamiento ejemplar. Tenía que haber algo más. Debía de haber ocurrido algo en las horas previas, algo por lo que se sintieran en la obligación de portarse bien el resto de la mañana.

Hubo, además, detalles inquietantes, perturbadores. Elvis levantó la mano en dos ocasiones para plantearme dudas, dudas muy razonables e interesantes. Aarón se presentó voluntario para corregir los ejercicios en la pizarra. Israel no pidió ir al baño por primera vez en todo el curso. Ni un solo taco. Ni un solo insulto. Ni una sola colleja.

Fue al acercarme a sus pupitres para ver sus cuadernos, como hacía siempre que terminábamos una tarea, cuando caí en la cuenta de lo que podía estar sucediendo. Aquel comportamiento anómalo no solo podía deberse a que hubieran cometido alguna fechoría y estuvieran intentando compensar los daños. La interpretación podía ser mucho más pedestre: debían de haber consumido algún tipo de sustancia estupefaciente. No era la primera vez que alguno venía fumado a clase. Observé sus comportamientos detenidamente. No parecían bajo los efectos del hachís o la marihuana porque ninguno mostraba en su gesto esa mueca de sorna satisfecha que se les queda a algunos después de fumar porros. Pero no podía descartar que fuera algún tipo de droga.

Aunque habían hecho mal la mayoría de los ejercicios, les puse a todos un positivo. Por el esfuerzo y el interés, que incluso parecían sinceros. Si además hubieran contestado correctamente, hubiera tenido que considerar aquel hecho como algo sobrenatural o milagroso.

Tengo que reconocer que en la siguiente clase, que fue el lunes, me tranquilizó que volvieran a ser ellos mismos, tan ellos mismos que Álvaro y Aarón acabaron insultándose y pegándose en mitad de mi clase, como ya había sucedido en varias ocasiones a lo largo del curso. Tuve que sacarlos del aula con sendos partes de conductas gravemente perjudiciales para la convivencia del centro.

Tentado estuve, días más tarde, de preguntarles por el extraño comportamiento de aquel viernes. Tenía mucha confianza con algunos de ellos y me faltó poco para dar el paso, pero no lo hice porque sabía que en su mundo no hay nada más despreciable que ser un chivato.

Tampoco me ofreció ninguna explicación la jefa de estudios, que me dijo que no le constaba que hubiera sucedido nada fuera de lo normal con ningún alumno de Mantenimiento de Vehículos aquella mañana.

Así que me veo obligado a terminar esta historia con un final abierto, algo que detestan mis alumnos. No se dan cuenta de que los finales abiertos son geniales porque nos ofrecen la posibilidad de elegir un desenlace a nuestro gusto.

En el final que yo elijo, Aarón le ha robado una caja de Lorazepam a su madre, una pobre mujer con problemas mentales serios que está constantemente entrando y saliendo del psiquiátrico. En el recreo ha repartido los comprimidos entre sus compañeros, que dóciles no han puesto ninguna objeción a la ingesta, con la esperanza, supongo, de que les produjera algún tipo de sobrexcitación anfetamínica, y sin esperar, obviamente, que acabara teniendo efectos ansiolíticos. Pero este es mi final, el que yo elijo, el que me parece más verosímil. Tú puedes imaginar otro distinto si te apetece, incluso que sus cuerpos habían sido ocupados temporalmente por entes alienígenas en misión de reconocimiento del planeta Tierra. No te cortes si ese es tu rollo.

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